Algunas reflexiones en torno al capital social

En una reciente entrada en este mismo blog, Daniel Covarrubias habla de la importancia de la “base social” como elemento clave para el desarrollo económico y la competitividad. Daniel construye este concepto uniendo otros dos – la innovación social, que ya Miren Estensoro trató en otro post, y el capital social, en el que queremos detenernos un poco ahora.

El capital social ha sido estudiado por diversos autores desde diferentes ángulos, pero en general hace referencia al valor que deriva de las relaciones que tienen las personas o las organizaciones. Un valor que, según la literatura, puede tener efectos positivos tanto para el bienestar de las personas, como para la eficiencia de las organizaciones o más en general, para el desarrollo económico de un territorio.

Con esta creencia comenzó en 2009 un proyecto impulsado por la Diputación Foral de Gipuzkoa en el que Orkestra ha participado desde el inicio: Gipuzkoa Sarean. El proyecto nació con el ánimo de incidir en el capital social de Gipuzkoa y derivó en un proyecto para el desarrollo territorial. Una de las patas fundamentales del mismo durante todo estos años ha sido el concepto de capital social, en concreto el de la investigadora Janine Nahapiet, que el proyecto hizo suyo[1].

Nahapiet [2] divide el capital social en tres dimensiones. La dimensión estructural hace referencia a los patrones de las relaciones; la dimensión relacional, a elementos como la confianza, el respeto o las normas, es decir, al tipo de relaciones personales. Y la dimensión cognitiva, al lenguaje y significados compartidos o a aquellas historias o artefactos que crean una visión común.  En la línea del post de James Karlsen, es en esta última dimensión, la cognitiva, en la que quiero ahondar.

Las estrategias y proyectos territoriales requieren de la colaboración de personas con diferentes formas de ver y entender el mundo, con intereses diferentes y, a veces, contrapuestos. Cómo miramos el mundo depende de las gafas que llevemos puestas; y en esas gafas están nuestras emociones, creencias, valores, ideología, o nuestra cultura, pero también los rasgos identitarios o marcos que nos da aquella institución a la que pertenecemos. Cómo miramos el mundo también depende de desde dónde lo miramos.

Si ahora mismo se reunieran diversos agentes, podrían fácilmente consensuar que todos quieren una estrategia para el desarrollo del territorio. Pero ¿qué significa desarrollo para una empresa? ¿Y para un sindicato? ¿Qué significa para una ONG? ¿Y para el Gobierno Vasco? ¿Qué significa para las agencias de desarrollo?  ¿Cuál cree la empresa que es su rol en esa estrategia o en el desarrollo del territorio? ¿Y la agencia de desarrollo? ¿Qué piensa del rol de la empresa o de su propio rol? ¿Es el mismo rol que le atribuye la Diputación? ¿O el sindicato? ¿Qué espera la ONG de esa estrategia? ¿Es lo mismo que espera el Gobierno Vasco?  Entender que existen estas diferencias es necesario para iniciar cualquier proyecto colectivo que integre a una diversidad de agentes. Y no sólo entenderlo, sino trabajar para conocer cómo está mirando el otro el territorio y encontrar elementos que sean de valor para todos.

Muchas veces creemos que esto es, en el mejor de los casos, una obviedad o, en el peor, una nadería. Tendemos a ver las reuniones sólo como momentos que sirven para decidir asuntos importantes que luego permitan seguir trabajando. Como si otros elementos como la confianza o la visión común nos vinieran dados o surgieran espontáneamente. Sin embargo, esto también hay que trabajarlo. Hay que trabajar para que esos espacios de encuentro se den, trabajar para construir relaciones de confianza, trabajar para entender al otro y construir desde esa diferencia. Por eso, ningún proyecto colectivo o ninguna estrategia territorial deberían olvidarse de incluir esos espacios, momentos, esfuerzos y metodologías que permitan construir o fortalecer el capital social que redundará en el beneficio de todos.

[1] Para conocer más sobre el concepto del capital social y la relevancia y el recorrido del concepto en el proyecto Gipuzkoa Sarean, ver: Diputación Foral de Gipuzkoa (2015). Gipuzkoa Sarean. Bidean. Diputación Foral de Gipuzkoa  y Barandiaran X., Korta, K. (2011). Capital social y valores en Gipuzkoa. Balance y líneas estratégicas de actuación. Diputación Foral de Gipuzkoa

[2] Nahapiet J. y Ghoshal S. 1998. Social capital, intellectual capital, and the organizational advantage. Academy of Management Journal 19: 775-792.

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Forman parte de esta serie sobre la dimensión social del desarrollo territorial:

The Social Construction of Reality

Ampliando el rol de la Universidad

Innovación social y desarrollo industrial, ¿tienen algo que ver?

El Desarrollo Económico Territorial, la participación ciudadana y el  “Buen Vivir”

Saliendo del armario

Una aproximación a la dimensión social del desarrollo territorial 

Convirtiendo lo social en ventaja competitiva

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Ainhoa Arrona es facilitadora de investigación en Orkestra, labor que ha desarrollado principalmente en el ámbito de un proyecto de investigación acción para el desarrollo territorial. Su trayectoria previa ha estado ligada al ámbito privado y al tercer sector. Licenciada en Humanidades y Empresa y Máster en Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa, actualmente está realizando su tesis doctoral sobre el aprendizaje en políticas y las estrategias territoriales de desarrollo en la Universidad de Deusto.