Buscando a Peter Pan

Si hoy pudiéramos hacer una fotografía de la sociedad vasca y la comparásemos con una de hace 40 años, identificaríamos cambios, muchas diferencias, y una de ellas sería muy clara: somos más mayores, hay menos jóvenes, y muchos menos niños. Más concretamente, aunque la población haya crecido ligeramente, el crecimiento se ha producido principalmente entre los mayores de 65 años, que ya suponen el 21% de la población.

Una de las consecuencias más importantes de esta población cada vez más envejecida (Informe de Competitividad, 2017) es la considerable disminución de la población en edad de trabajar, que tiene importantes consecuencias para la actividad económica. Para el año 2031 se estima que el porcentaje de personas mayores de 65 años se situará en el 29% de la población mientras que el porcentaje de personas en edad de trabajar caerá al 58%, es decir, que habrá aproximadamente una persona mayor por cada 2 personas en edad de trabajar.

Estas cifras generan inquietud sobre nuestro futuro y sobre nuestra capacidad para mantener los niveles actuales de renta y bienestar. En primer lugar, sabemos que aumentar la edad de jubilación no será suficiente. A esto se suma la incertidumbre sobre el sistema actual de pensiones, la necesidad de atraer talento cualificado del exterior y la urgencia de alinear el ámbito educativo y empresarial (ajuste de la demanda y oferta laboral).

A menudo nos enfocamos en los efectos negativos del envejecimiento, pero también existen multitud de oportunidades asociadas al colectivo de personas mayores de 50 años.

Es una realidad que hoy en día muchas personas a partir de esa edad siguen estando activas, exhibiendo una gran lucidez intelectual, y desarrollando capacidades técnicas acumuladas a lo largo de sus años de carrera. Esta experiencia debería de ser aprovechada a través de procesos de mentoring o voluntariado con personas más jóvenes, apoyando la interconexión generacional. La promoción de espacios de conexión intergeneracional permitiría una mejor transmisión de conocimiento tácito, ese conocimiento que es difícil de codificar y necesita una interacción personal, construyendo así sobre diversas capacidades.

Se debe romper también con la idea de que los procesos de aprendizaje se producen únicamente entre las personas más jóvenes. En cualquier momento se puede seguir aprendiendo a través de enfoques como el “Aprendizaje a lo largo de la vida”, que deben adaptarse a los distintos momentos vitales sin reproducir esquemas diseñados para jóvenes. Así se conseguirá que las personas puedan adaptarse a los cambios que se van produciendo en el entorno laboral para poder seguir realizando las tareas que antes hacían (y que han ido evolucionando) o para dedicarse a tareas totalmente diferentes.

Además de trabajar por cuenta ajena las personas mayores pueden desarrollar nuevos emprendimientos que pueden resultar más exitosos que los comenzados por emprendedores más jóvenes, ya que los primeros cuentan con experiencia y acceso a redes profesionales de las que pueden carecer los juniors. Sería interesante promover estos procesos a través de fondos de capital particularmente enfocados a esos tramos de edad.

Las oportunidades hacia este colectivo maduro no tienen por qué acabar aquí. Existe un enorme potencial en la generación de actividades económicas en torno a la emergente “Economía plateada” para mayores de 50 años. Estas actividades podrían incluir desde i) tecnología de atención sanitaria, cuidado de pacientes/rehabilitación, y gestión de recursos sanitarios para los más dependientes; ii) nutrición saludable, trabajo sostenible, hogar inteligente, movilidad y envejecimiento para aquellos que empiezan a sentirse más frágiles; y iii) ocio activo, esfera social, y servicios financieros para aquellos mayores de 50 que están viviendo su tercera juventud, una vez se han liberado de la responsabilidad de sus hijos, y gozan de estándares de vida que no podían imaginar con 20 años.

Todo lo anterior supone una reivindicación de la persona mayor, de su papel en la sociedad como agente clave a la hora de mantener y promover el progreso socioeconómico, y una fuente de oportunidades que bien merece la pena aprovechar. Por ello es importante apoyar el desarrollo de este colectivo, no dejarnos llevar por antiguos prejuicios, e impulsar a aquellas personas que, como “Peter Pan,” aun siendo mayores siguen conservando un espíritu joven con ganas de contribuir a la sociedad.

Henar Alcalde, Susana Franco

sfranco

Susana Franco es investigadora en el Área de Territorio Innovación y Clústeres en Orkestra, a lo largo de su trayectoria profesional ha sido investigadora y profesora en varias universidades británicas y latinoamericanas. Susana tiene experiencia en cuestiones relacionadas con el desarrollo gracias a la labor desempeñada en una ONG, e igualmente ha ofrecido asesoramiento en varias agencias de las Naciones Unidas. En la actualidad realiza trabajos de investigación utilizando técnicas cualitativas y cuantitativas, principalmente en lo referente a clústeres, innovación y competitividad regional.