Clústeres y valor compartido… ¿Cómo cocinamos esta tarta?

Filantropía, responsabilidad social corporativa… las acciones empresariales orientadas a la sociedad han respondido históricamente atenuar las externalidades negativas que la actividad industrial ejerce en la ciudadanía. Estas estrategias, buscaban principalmente crear conciencia en la sociedad de que la empresa se implicaba en su bienestar con el objetivo de mejorar su reputación y para ello se destinaban parte de sus recursos, como el pedazo sobrante de la tarta que supone el negocio empresarial.

La crisis, como no podría ser de otra manera, ha afectado a este tipo de acciones “más filantrópicas”, de la misma manera que ha llevado a las empresas a reconsiderar su actividad. Ante esta situación Porter y Kramer presentan en 2011 un nuevo concepto conocido como: CREACIÓN DE VALOR COMPARTIDO, en inglés “creating shared value”.
¿A qué atiende este término? A un cambio dentro de la cultura empresarial que considera el propio negocio como una manera de satisfacer las necesidades sociales. Convirtiéndose “lo social”, no en una porción marginal, sino en un ingrediente principal de la tarta entera.

Asumir o aplicar esta política empresarial, a primera vista, parece algo lógico, razonable, simple… Sin embargo, cuando profundizamos un poco más, en el “cómo”, en la manera de promover esta estrategia pueden surgir ciertas dudas. Para ello, Porter y Kramer proponen tres herramientas:

  • Reconcebir productos/ servicios y servir a potenciales nuevos clientes (colectivos desatendidos por el negocio tradicional).
  • Mejorar la eficiencia de la cadena de valor en términos de uso de recursos (energía, agua, materias primas), logística, o capacitación de proveedores.
  • Mejorar el entorno empresarial local a través de la creación de clústeres.

Sin embargo, estas tres propuestas no deberían de interpretarse como receta universal, sería erróneo. El territorio importa y es necesario considerar cómo se adaptan estas herramientas a las diferentes realidades regionales. Particularmente en el caso de Euskadi el territorio cuenta con elementos que pueden ayudar y facilitar esta creación de valor compartido dentro de la empresa, y por tanto, lo lógico es aprovechar este recurso. Concretamente, contamos con una estructura potente de clústeres que no debemos ignorar en esta construcción de valor compartido.

Los clústeres son capaces de detectar sensibilidades sociales que las empresas por sí solas no podrían, facilitan la colaboración interempresarial, entre clústeres, con la administración pública y otros agentes de interés… conocen bien su área de actuación y tienen un arraigo y una experiencia histórica reseñable en nuestro territorio, su potencial radica en su rol como plataformas o herramientas que impulsen estrategias de valor compartido a nivel empresarial, contribuyendo simultáneamente a satisfacer objetivos económicos y sociales del territorio. Por tanto ¿Por qué no considerar los clústeres como un instrumento más que posibilita cocinar esa tarta?

Henar Alcalde & James Wilson

Henar Alcalde

Henar Alcalde Heras es investigadora en el área de Estrategia de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad. Sus áreas de interés son Estrategia de innovación abierta (Open innovation), gestión del conocimiento, transferencia de tecnología e impacto final en los resultados de innovación de la empresa, diseño organizativo, economía de la empresa, comportamiento organizativo, dirección de negocios internacionales y métodos de gestión.

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