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De los hornos altos a la acería eléctrica, ¿y ahora qué?

No hace mucho tiempo escribía que tras la cumbre de París, es ahora cuando comienza el verdadero reto, que va más allá de Kyoto. Hemos de desacoplar completamente las emisiones, el consumo energético y el PIB, en un contexto de globalización y crisis económica, donde la competitividad empresarial es un factor clave.

Ante los recientes acontecimientos, la pregunta que se plantea es por qué en una industria como la siderúrgica española, altamente eficiente tanto en términos de productividad (especialmente medida en toneladas de producto por personal), como de innovación de producto y proceso, capacidad de exportación y emisiones de GEI, se encuentra en una situación tan delicada, sufriendo cierres y paradas, que la van deteriorando.

Breve reseña histórica

siderurgiaTodavía recuerdo la columna de humo de los Altos Hornos de Vizcaya, que veía desde la habitación de mi abuelo “trabajan 24 horas al día”, me decía. También recuerdo la excursión escolar en que nos llevaron a visitarla y, en especial, el hollín y la colada continua incandescente. Poco tiempo cerraron la empresa y su lugar fue ocupado por la ACB, más moderna y eficiente. Ahora, parada, genera un sentimiento de añoranza, de un tiempo de bonanza, empleo y tranquilidad.

Una conferencia en Bruselas

A punto de finalizar un estudio sobre los costes de la energía y la competitividad de determinados sectores económicos intensivos en energía, entre ellos la siderurgia; y tras asistir a una sesión de conferencias en Bruselas, se me plantearon algunas cuestiones.
La primera sería la lucha por la competitividad. Ya se ha dicho que la productividad del sector es similar a la de sus homólogas y superior en términos físicos. Quizás sí presente unos mayores costes laborales por asalariado, pero si no representan más de un 10% del coste total, no debería de ser un gran problema. Además, el sector ha demostrado ser capaz de exportar, alcanzando el 60% de las ventas totales. Esto ha podido ser, principalmente, por la capacidad de innovación, desarrollo de productos mejores y más adaptados a las necesidades del consumidor.

La segunda cuestión sería que todo lo anterior se realizó en un marco de reducción progresiva de las emisiones, que ha llevado al sector español a niveles muy inferiores a los de países como China o Alemania. El sector, probablemente, debido al desarrollo de la acería eléctrica ha reducido en gran medida su impacto ambiental; mayor si se tiene en cuenta el empleo de chatarra en estas instalaciones.

En tercer lugar, en el panorama actual, el sector sólo reclama un coste energético, eléctrico inferior para poder competir con China. Teniendo en cuenta estimaciones realizadas en el informe realizado, se puede observar que el precio de venta de la energía eléctrica se ha más que duplicado en este sector, en la CAPV, durante la última década.

Falta de integración de políticas europeas

Por lo tanto, estamos ante un sector que habiendo sufrido ya un gran reajuste, especialmente, en términos de mano de obra, se enfrenta a un entorno hostil, ocasionado por el exceso de capacidad mundial, la competencia feroz de China y los elevados costes eléctricos que soporta.Además, las decisiones las toman personas, que a más de 1.100 kilómetros de las fábricas, dicen que no se puede seguir basando la competitividad en costes, pero ¿cómo se toman las decisiones en las empresas? Es más, obvian que la propia UE ha desarrollado normativa para la lucha contra el cambio climático, y que este sector, en España, ya ha hecho un verdadero esfuerzo por mejorar su eficiencia, reducir emisiones, etc.

De esta manera, la UE promueve energías bajas en carbono y no así una industria descarbonizada, lo que parece que supone una falta de consistencia de las diferentes políticas, al menos, esto visto desde una perspectiva no experta en interrelación de políticas.

La siguiente jugada está, por lo tanto, en manos de la Administración Europea, nacional y regional, que podrían poner en marcha programas de ayudas a empresas que están invirtiendo o garantizar sistemas de precios de la energía más adecuados ante un competencia desleal como la china que está vendiendo un producto final incluido el transporte en España, a menor precio que el nacional y con un mayor impacto ambiental.
¿Acabará desapareciendo la siderurgia española y vasca? ¿Se perderá el saber hacer actual en la materia? ¿Aumentará la dependencia del conjunto del territorio del exterior?
Así, además de un gran reto, estamos ante una situación en la que no se tienen en cuenta los esfuerzos ya realizados, y que están en línea con la política climática europea. Esperemos que la justicia y el raciocinio imperen en las decisiones políticas.

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Macarena Larrea es investigadora de la Cátedra de Energía de Orkestra-IVC, de la Fundación Deusto. Es doctora en Promoción y Desarrollo de Empresas por la Universidad del País Vasco, con su tesis de “Internalización de los costes externos de la producción eléctrica”. Máster en Gestión de Empresas Marítimo Portuarias organizado por la Universidad de Deusto en colaboración con la Escuela de Administración Marítima del Gobierno Vasco y Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Deusto (La Comercial), especialidad en Logística y Tecnología. Previamente trabajo en la Cátedra de Estudios Internacionales de la Universidad del País Vasco y, en 2011, disfruto de la Beca de Especialización de Profesionales en las áreas de Asuntos Europeos y Cooperación Interregional, en la Secretaría General de Acción Exterior del Gobierno Vasco. Sus áreas de interés son la energía, la logística (transporte y distribución) y las relaciones internacionales, desde la perspectiva empresarial.

One thought on “De los hornos altos a la acería eléctrica, ¿y ahora qué?

  1. Gracias por este análisis de situación tan sencillamente planteado. En cuanto a la respuesta, estaríamos tranquilos si como dices imperase la justicia y el raciocinio pero la realidad es que la inquietud es palpable.

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