El valor de Fagor Electrodomésticos visto desde una perspectiva del clúster gastronómico vasco

Por una parte, es delicado opinar sobre ¿cómo y por qué Fagor Electrodomésticos ha llegado a la situación límite en la que se encuentra actualmente? Además, sin haber participado en la dirección de operaciones estratégicas de la empresa, puede incluso parecer gratuito reclamar dónde se podría haber tomado otras decisiones.Por otra parte, tiene su cuota de riesgo sembrar optimismo en referencia a las nuevas oportunidades de apoyo si Fagor Electrodomésticos requiere menos, cuando es un hecho que el capital riesgo u otros fondos con verdadero corazón y coraje a favor de iniciativas empresariales nuevas escasean por aquí. Y por mucho que Botín afirme que “el capital llega a chorros a España actualmente”, solo un pequeño porcentaje entra con fines productivos e industriales con efectos benéficos sobre el empleo y el desarrollo del país.

Aun así, parece que con el paso del tiempo a Fagor Electrodomésticos le han ‘acumulado’ los “costes de oportunidad” y se ha visto atrapado en mercados que con el paso del tiempo se han convertido en lo que se puede llamar “océanos rojos”.

Es decir, si una empresa (man)tiene en el centro de sus actividades ciertas líneas de producto (por ejemplo: lavadoras, lavavajillas, …) y mercados geográficos (Europa y en particular España y  Francia) y éstos no rinden como otros negocios a los que la empresa también se puede dedicar- , esto da lugar a costes por oportunidades perdidas. Si, a su vez, los mercados en que la empresa se mueve se estancan,  la demanda se satura y se cuenta con una fuerte competencia entre ofertantes; los márgenes de negocio acaban evaporándose, el potencial de crecimiento deviene limitado o incluso negativo y el negocio se convierte en un ‘juego de suma cero’. Si estas circunstancias se producen, es cuando se puede hablar de “océanos rojos”, por teñirse el agua con la sangre de los ofertantes perdedores.

Para salir de los océanos rojos (y buscar “océanos azules”) es preciso redefinir la oferta —por ejemplo, mediante la innovación y la diferenciación—, reconsiderar los mercados (geográficos) y la clientela a los que se puede atender, y/o apostar por aquellas líneas que mayor proyección puedan tener en el mercado en lugar de mantener una cartera amplia de productos.

Si ahora parece haber consenso sobre que “la rama de cocción tiene viabilidad, y por lo menos hay que intentar reflotar a esa parte”, no solamente estamos ante un intento de resolver el futuro de un proyecto empresarial, sino también ante un “caso de prueba” para toda una filosofía de política industrial que se ha llevado a cabo en el País Vasco en las últimas 2 décadas. A saber: las políticas clúster, dado que Fagor “cocción” puede ser un eslabón crítico para que –llamémosle- el clúster gastronómico en el País Vasco se articule tanto alrededor de un eje culinario/alimentario y servicio turístico/de hospitalidad, como industrial.

Desde una perspectiva clúster se entiende que por ejemplo un sector hostelero y turístico puede suponer un tirón para los proveedores de utensilios y aparatos de cocina y mesa, a la vez que desde el lado de los proveedores pueden llegar innovaciones que hagan al sector hostelero y turístico más “performante”. Y si ambos lados tienen una estrecha relación por proximidad geográfica se puede llegar a dinámicas de co-creación y cooperación que genere un círculo virtuoso.

Hasta la fecha parece que se ha intentado sobre todo poner en relieve la sinergia que hay entre el lado culinario y el lado turístico en el País Vasco. Por contra, da la sensación de haber menos conciencia de que el sector industrial también puede jugar un papel importante en todo ello o que puede ser uno de los grandes beneficiarios del reclamo gastronómico que tiene el País Vasco. Además, no solamente el turismo y la presencia de restaurantes reputadas forman una tierra fértil en la que la rama industrial del sector gastronómico se puede inspirar y (re)vitalizar.  De hecho el País Vasco cuenta con un entramado gastronómico que va más allá. Cuenta con centros de conocimiento y de desarrollo punteros en el mundo (como el Basque Culinary Centre) y clústeres del hogar (ACEDE) y de la alimentación bien estructuradas. Conjuntamente esto ofrece a los fabricantes de material de cocina una fuente de usuarios y consumidores altamente sofisticados y exigentes que les incentiven a estar en la vanguardia de su sector.

Al mismo tiempo, los centros de conocimiento y los cocineros locales (sobre todo los renombrados mundialmente) tendrían la ventaja de poder aliarse con proveedores locales de equipamientos de cocina punteros. Esto podría ser una pieza más para contribuir aun “world class cluster” cuyo impacto laboral se extendería hacia las ramas industriales de la economía vasca.

Para conseguir esto, no bastaría solo con un buen entrejuego entre los diferentes actores dentro del País Vasco. Hay que apostar también por más visibilidad en el exterior y dar a conocer mundialmente lo que (la rama industrial de) la cocina y la gastronomía vasca es capaz de ofrecer y crear puentes externas. Aunque el marketing tal vez es una actividad huérfana en muchos sectores industriales, hay que entender que el ‘branding’ es necesario para capitalizar los valores que uno ofrece.

Evidentemente, con potenciales usuarios y posibles embajadores de marca como Arzak, Berasategi, Arguiñano, Aduriz…  pero también –por su afiliación al BCC- El Bulli, Gaston Acurio, etc., hay una serie de figuras mediáticas que pueden promocionar la oferta vasca de forma potente, de tal forma que puede aspirar a ser la elección preferida de un creciente número de amateurs y profesionales de la cocina. Ciertamente ahora que la afición por las artes culinarias está en alza (véase series como Máster Chef que proliferan en toda Europa y el mundo).

Es un reto reconducir a (parte de) una institución como Fagor, pero merece la pena traccionar a una actividad industrial en cuyo entorno muchos requerimientos clúster están en su sitio.

Bart Kamp

Bart Kamp es responsable del área de Estrategia de Orkestra y profesor de gestión estratégica de nuevas empresas en Université Catholique de Louvain-la-Neuve (universidad católica de Lovaina) en Bélgica. A lo largo de su trayectoria profesional investigado en áreas como las políticas de innovación, la competitividad industrial, el clima de inversión (extranjero), las políticas de transporte e infraestructuras y otras cuestiones de desarrollo regional para varias instituciones multilaterales –como la Comisión Europea– y organizaciones gubernamentales y multinacionales de Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Alemania, Francia, Portugal, España, Rumania y Lituania. Cuenta con una amplia experiencia en diseñar y dirigir procesos de evaluación de criterios múltiples, análisis de costo-beneficio, evaluaciones de impacto y análisis de redes en relación con medidas de política estratégica y proyectos de inversión empresarial.

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