Evaluación de políticas: La asignatura pendiente del territorio

Evaluar es una palabra a la que popularmente se le ha otorgado connotaciones negativas y que sigue siendo entendida como un ejercicio de control por parte de los agentes evaluados, pero que en realidad debería ser entendida como sinónimo de aprender, tanto de lo que hacemos mal como, y sobre todo, de lo que hacemos bien. En los últimos años, los diferentes organismos públicos se han esforzado en promover los ejercicios de evaluación. Así nos encontramos con que, por ejemplo, la Comisión Europea condiciona la dotación de fondos FEDER a que las regiones tengan un sistema de monitorización, es decir de seguimiento, y de evaluación de sus estrategias RIS3, observamos que muchos gobiernos incorporan mecanismos de evaluación y de medición de desempeño en los programas de ayudas públicas a organizaciones de investigación (por ejemplo los llamados contratos programas de las universidades) y que en regiones como el País Vasco se realizan ya habitualmente evaluaciones del contexto regional y de su sistema de innovación.

No obstante, a pesar de su ‘popularidad’, la evaluación sigue siendo la gran asignatura pendiente de la mayoría de territorios y regiones europeas. Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar a Inma Periañez de la Plataforma S3 en un seminario organizado por Orkestra en el marco del proyecto europeo Smart Spec, en donde apuntaba que el 77% de las RIS3 de las regiones europeas carecen de un mecanismo adecuado de monitorización y evaluación. Mi participación en los living-labs del  proyecto mencionado,  me ha permitido conocer más de cerca la realidad de los problemas y retos de las regiones europeas con respecto a la monitorización y evaluación de estrategias, políticas y programas, que unidos a la experiencia sobre el caso vasco me llevan a realizar una serie de reflexiones sobre cuáles son los principales retos en este ámbito y que son los siguientes:

  • Entender que la evaluación no es exclusivamente un ejercicio de control o rendición de cuentas y que debe ser un ejercicio que nos ayude a modificar las actuaciones existentes y a aprender de nuestros éxitos y fracasos.
  • Superar lo que podríamos llamar la obsesión por el indicador. Se dedica mucho tiempo y esfuerzo a encontrar el indicador perfecto y los datos para realizar análisis cuantitativos y se tiende a minusvalorar las evaluaciones cualitativas basadas en la interacción con diferentes actores de un territorio.
  • No confundir evaluación o diagnóstico de un territorio, con monitorización y evaluación de políticas. Es decir, no confundir lo que puede ser un termómetro de cómo avanza un territorio o una región con un ejercicio de aprendizaje sobre los el grado de implantación y los efectos de las actuaciones en dicho territorio.
  • Vencer las barreras de ‘esto no se hace porque es imposible’ y mantener una actitud abierta hacia la evaluación.
  • Concienciar a los diferentes agentes participantes en un ejercicio de evaluación (incluidos los beneficiarios de las políticas) de que es un ejercicio en el que no existen perdedores.
  • Plantear ejercicios de evaluación adecuados y eficientes. A veces lo simple aporta más información y consume menos recursos que los ejercicios más complejos técnicamente.
  • No confundir monitorización o seguimiento de actuaciones con evaluación.
  • Tener en cuenta que la evaluación es una herramienta poderosa y que podemos modificar comportamientos de los diferentes actores involucrados.

Por todo ello, es de vital importancia contar con capacidades externas al gobierno, normalmente situadas en organizaciones de investigación, para el diseño e implantación de la evaluación, de forma que no se produzcan sesgos y se maximice el ejercicio de la evaluación.

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emagro

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Edurne Magro es investigadora en Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad. Es Doctora en Competitividad Empresarial y Desarrollo Económico con mención europea por la Universidad de Deusto, después de haber realizado una estancia en el Manchester Institute of Innovation Research de la Universidad de Manchester (Reino Unido). Es Licenciada en Administración y Dirección de Empresas y tiene un Máster en Gestión de la Innovación y la Tecnología por la Universidad de Deusto. Edurne cuenta con una larga trayectoria profesional como investigadora, la cual comenzó a desarrollar en la Corporación Tecnológica Tecnalia. Durante sus más de 10 años de experiencia, ha coordinado y participado en proyectos de investigación sobre competitividad e innovación a nivel europeo (ESPON, Framework Programme), nacional y regional. En los últimos años ha centrado su trabajo en los ámbitos de estrategia territorial y smart specialization strategies, sistemas regionales de innovación, políticas regionales de innovación y su evaluación siguiendo un enfoque de policy learning. En estos ámbitos ha participado en la organización de conferencias tanto nacionales como internacionales. Además, también cuenta con experiencia docente a nivel de postgrado, entre los que destacan su participación en el máster universitario sobre competitividad e innovación, ofrecido por la Universidad de Deusto. Edurne es autora de diferentes contribuciones científicas tanto en libros como en artículos académicos de impacto. Entre éstas últimas caben mencionar sus artículos en revistas como Research Policy, Science and Public Policy, European Journal of Innovation Management o Review of Policy Research.