Hacia una Universidad colaborativa: democratización y espacios de co-creación

El debate que gira en torno a la relación Universidad-Empresa-Sociedad se aborda generalmente desde un enfoque inapropiado y debería ir precedido de una discusión más amplia que trate de dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿es el modelo organizativo de cada uno de estos actores el adecuado para promover una mayor colaboración entre ellos? Realizar una reflexión acerca de la configuración de las Universidades puede servir de punto de partida.

En primer lugar, merece la pena poner el foco sobre la estructura de gobierno de las Universidades. Su máximo órgano representativo es el Claustro, donde están presentes todos los colectivos pertenecientes a la comunidad universitaria (Funcionarios, Contratados, Estudiantes y Personal de Administración y Servicios). Dada la configuración actual del Claustro, la Universidad es diseñada por y para la comunidad universitaria.

Sin embargo, la construcción de un modelo universitario no debería ser algo que incumba sólo a esta sino un reto común del conjunto de la sociedad. En un contexto como el actual donde las crecientes interdependencias requieren de la asociación y colaboración entre distintos actores, la falta de representación de aquellos no pertenecientes a la comunidad universitaria supone una traba importante.

Es por ello que el garantizar una representación de la sociedad en las Universidades se antoja indispensable, ya que en la medida que la organización, estructura y funcionamiento de esta integre al conjunto de la sociedad (mediante su incorporación a los órganos de gobierno), las posibilidades y las vías para la colaboración, cooperación e  interacción aumentarán de manera exponencial.

En segundo lugar, es de especial interés analizar la manera en la que la relación espacial que se establece entre la ciudad y la Universidad tiene un efecto directo en sus posibilidades de interacción.

Para promover la colaboración y procurar una mayor interacción entre la Universidad y el tejido social local, es aconsejable que exista una proximidad entre está y el núcleo urbano, ya que una Universidad integrada físicamente en la ciudad (ej. La Universidad de Mondragón) crece y se desarrolla en consonancia con las necesidades y desafíos propios de su entorno.

Ahora bien, acercar la Universidad a la ciudad no garantiza necesariamente una mayor colaboración. Por ello, es necesario apostar por modelos híbridos que, mediante el establecimiento de espacios de cohabitación y de co-creación, terminen con la clásica separación Universidad-Empresa-Sociedad que obedece a lógicas del pasado. Un
sistema permeable que favorezca el flujo de conocimientos, la comunicación, la  convergencia de intereses y ayude a construir relaciones de confianza con el fin de desarrollar proyectos conjuntos.

Esta es una fórmula que ya está siendo implementada en ciertas disciplinas como la medicina con la creación de los denominados Hospitales Universitarios (Araba, Cruces, Donostia), donde los ecosistemas de la Empresa-Universidad-Sociedad se entremezclan y fusionan para funcionar como uno.

El modelo se podría extrapolar a otros muchos campos, dando lugar, por ejemplo, a la creación de Parques Tecnológicos Universitarios, Juzgados Universitarios, Polideportivos Universitarios…, es decir, espacios en los que profesionales, investigadores, docentes, estudiantes y sociedad conviven, colaboran e interactúan de manera sistemática.


Marcos Castro es el ganador del ensayo “Europa Innovadora hacia un nuevo modelo de relación empresa-universidad-sociedad”

Marcos es doble graduado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Pública de Navarra. Ha trabajado en el sector privado en el ámbito de la internacionalización de empresas. Actualmente disfruta de una Beca de Especialización en el área de acción exterior del Gobierno Vasco desempeñando labores para la Dirección de Asuntos Europeos de la Secretaría General de Acción Exterior.

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