La base social y sus impactos en las estrategias de desarrollo económico y competitividad

Esta entrada ha sido escrita por Daniel Covarrubias, como bloguero invitado.

A lo largo de estas últimas semanas, he estado leyendo y disfrutando de una serie de entradas en este blog que intentan contextualizar la dimensión social como importante herramienta para estudiar el desarrollo territorial, la competitividad y el desarrollo industrial, entre otros. Me llena de emoción saber que un renombrado centro de investigación, como lo es Orkestra, innove constantemente en sus metodologías de investigación y se aproxime, en mi punto de vista de manera correcta, a tan importante dimensión para el desarrollo regional y empresarial.  Si bien enfocarse en la dimensión social es riesgoso, ya que no es fácil de medir, ni  mucho menos unilateral (en su definición) como lo plantea Miren Larrea en su reciente entrada, Una aproximación a la dimensión social en del desarrollo territorial, creo que es un riesgo adecuado de tomar y desarrollar.  Mucho se ha hablado sobre la dificultad de aterrizar investigaciones académicas a conceptos tangibles de desarrollar (como referencia ver Bridging the Gap between Academic Research and Regional Development in the Basque Country). Considero que tomar en cuenta la dimensión social, y aproximarse a ella a través de la metodología de la investigación acción es un primer paso para reducir el gap entre la academia y el mundo cotidiano del desarrollo territorial y empresarial.

En esta entrada, intentaré complementar la aproximación a la dimensión social desde mi propia experiencia: estudiando esta dimensión en contextos transfronterizos.  Cuando recién empecé el proceso de investigación de mi tesis doctoral, muy pronto me di cuenta que a gran parte de la literatura que estaba leyendo en torno a los Sistemas Territoriales de Innovación (TIM’s por sus siglas en ingles) le faltaba algo: batallaban al momento de intentar explicar las relaciones sociales dentro de sus procesos.  Llámese clústeres, sistemas regionales de innovación, distritos industriales, el modelo triple hélice, etc., todos ellos desarrollan muy bien los temas económicos, de mercado, y de innovaciones tecnológicas pero se quedan cortos al desarrollar las relaciones sociales que permiten estos logros, tanto económicos como tecnológicos.  De ahí es que desarrolle un concepto llamado ‘base social’ (que es la integración de dos conceptos básicos en la dimensión social como lo son, el capital social y la innovación social), para lograr una mejor aproximación al estudio de la competitividad, desarrollo económico e integración de regiones trasfronterizas.  Para mayor referencia en cuanto al concepto, desarrollo y aplicación de esta ‘base social’ pueden revisar otras dos entradas que he escrito para este blog: Bridging the Gap: Socially Integrating Cross-border Regions y Base Social: Pilar para el Desarrollo Económico y la Competitividad Transfronteriza.

Composicion de la Base Social

Este concepto de ‘base social’ me ayudó a estudiar cómo la dimensión social del desarrollo, a través de dos de sus pilares (capital social e innovación social), impactan las estrategias de competitividad y de desarrollo económico en un contexto transfronterizo.  Como expliqué en mis otras entradas, el análisis de este concepto de ‘base social’ se llevó a cabo dentro de instituciones puente, que definimos como organismos intermediarios entre gobiernos, sociedad civil y demás actores de los sistemas territoriales de innovación y que trabajan para la cooperación transfronteriza. A través de la aplicación de un marco analítico para estudiar este concepto, llegamos a ver que el desarrollo de una base social ayudaba a regiones transfronterizas a lograr mejoras en sus estrategias de competitividad y desarrollo económico.

Estas mejoras se reflejaron de distintas formas, de las cuales a continuación presento algunos ejemplos. En la Región Laredo (frontera entre México y Estados Unidos), establecer redes (como un aspecto de capital social) contribuyó al desarrollo de futuras oportunidades de negocio para compañías mexicanas manufactureras. En Aquitania-Euskadi (frontera entre España y Francia), aprendimos que establecer una visión común (otro aspecto del capital social) ha aportado al desarrollo de un espacio común dentro de esta frontera, llevándolos inclusive al desarrollo de indicadores estadísticos en conjunto para esta región transfronteriza. Por último, en Öresund (frontera entre Suecia y Dinamarca), observamos que establecer una visión común y desarrollar redes universitarias para facilitar el acceso y retención de talento (ambos ejemplos de capital social), aunado al desarrollo y construcción de un puente vehicular para unir y facilitar el acceso a esta región transfronteriza (ejemplo de innovación social), contribuyeron a que esta frontera fuera seleccionada para la instalación de ‘The European Spatial Source’ un proyecto destinado a la investigación científica y detonador de competitividad y desarrollo económico.

Otro concepto que exploré dentro de mi tesis doctoral, y con el cual concluyo esta entrada, es el de learning from differences (aprendiendo de las diferencias).  Este es un concepto que me resulta fundamental para el estudio de la dimensión social y su aproximación a través de la investigación acción. De hecho,  este concepto nace de autores muy relacionados al modelo de la investigación acción, como lo son, Richard Ennals y Bjorn Gustavsen. El modelo de learning from differences nos permite como investigadores, de alguna manera, comparar lo incomparable y adentrarnos en los procesos, precisamente viviéndolos y experimentándolos de una manera muy  personal.

En mi caso, el haber vivido la mayor parte de mi vida dentro de la Región Laredo, y luego durante mis estudios doctorales en la región transfronteriza de Aquitania-Euskadi, me otorgó las herramientas suficientes para aplicar este modelo y hacer un análisis de los distintos casos de estudio.  Uno de los principales preceptos de esta aproximación es que los diferentes casos de estudio sirvan como un antecedente sobre el cual comparar a los otros y de esta manera poder aprender de ellos.  Gustavsen y Ennals consideran a este concepto como uno abierto y destinado a ser mejorado, para ello nos han dejado algunas ideas básicas para poderlo implementar.  De estas ideas me tomé la libertad de desarrollar una propuesta que consiste en cuatro pasos para poder conceptualizar esta aplicación.  Con ella cierro esta entrega no sin antes decirles que la próxima entrada la dedicaré a explicar cómo aplique este concepto, cómo ayuda a medir de mejor manera la dimensión social y algunas de las conclusiones a las que me llevó a conceptualizar.

 

Aprendiendo de las diferencias

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Daniel Covarrubias

Es Asesor del Secretario de Economía del Gobierno de la República de México, desempeñándose en áreas de políticas públicas para el desarrollo industrial y de innovación. Se encuentra próximo a defender su tesis doctoral dentro del programa de Competitividad Empresarial y Desarrollo Económico de la Universidad de Deusto y continua colaborando como estudiante de doctorado en Orkestra.

Es licenciado en Administración de Empresas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México) y cuenta con un Máster en Ciencias Políticas por la Texas A&M International University (EEUU) y un MBA por la Universidad de Texas, San Antonio. Su trayectoria profesional ha estado ligada al sector público, como fundador y director del Instituto para la Competitividad y el Comercio Exterior de Nuevo Laredo (México) y como director de Desarrollo Económico del Gobierno Municipal de Nuevo Laredo.

Sus áreas de investigación están centradas en la investigación socio-económica dentro del los temas de desarrollo regional transfronterizo, sistemas de innovación regionales, clústeres y políticas públicas territoriales.

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