Slow Action Research

Esta historia empieza con dos frases  “no me escuchabas” y “no has cogenerado” que viniendo de dos compañeros de trabajo que además, son amigos, son dos misiles a la línea de flotación de una facilitadora de un proceso de investigación acción[1]. No estuve de acuerdo con estas frases y, sin embargo, era consciente de que necesitaba aprender y cambiar. Así que retomé las dos conversaciones. Lo que comparto a continuación son mis aprendizajes en estos dos procesos.

La primera lección aprendida es que no hay una única forma de escuchar. Una de ellas es la escucha activa, que anima a quien escucha a realizar toda una serie de acciones para generar en quien habla la sensación de ser escuchado. Una de estas acciones es repetirle lo que nos dijo.

 

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La investigación acción nos lleva a escuchar para la acción. Cuando estamos hablando para construir una solución a un problema compartido y ese problema no se va a solucionar sólo en teoría, sino en la práctica, el diálogo se transforma en un proceso de negociación. Aunque escuchemos y entendamos lo que nuestro interlocutor nos plantea, lo que respondemos no es lo que nos dijo, reconfortándolo, sino nuestra posición en la negociación. Esto puede generar la sensación de que no se escucha. Pero también esta forma de escuchar es reconfortante cuando el interlocutor percibe que a lo largo de cada réplica y contrarréplica nuestra posición cambia e integramos como nuestros elementos que en principio estaban en su discurso. Esta mutua influencia es la base de la cogeneración.

La cogeneración busca en el corto la solución de un problema determinado, pero en el largo persigue la construcción de capacidades colectivas en la acción (collective knowing), que es la capacidad construida en la acción de resolver juntos los problemas que en el futuro puedan emerger. Las capacidades colectivas en la acción se construyen entre aquellos que comparten procesos continuados de reflexión y acción para resolver problemas concretos. Lo que permite a este conjunto de personas abordar los problemas de forma más eficiente es que hay ya una serie de reglas de juego que están interiorizadas y no hace falta volver a discutir o negociar al inicio de cada ciclo de resolución de un problema.

Pero ¿Qué pasa cuando un actor que no ha compartido el proceso de construcción de capacidades colectivas en la acción se incorpora a un proceso de resolución de un problema concreto? Dependiendo del poder o la relevancia que tenga ese actor para la resolución del problema, se producirá una adaptación del proceso a ese actor. Esto puede generar en otros actores la sensación de volver a la casilla de salida.

¿Qué hace el facilitador en esas circunstancias? Para que esa vuelta a la casilla de salida no perjudique el proceso es importante ayudar al actor a adaptarse, a reconocer lo que los demás actores han construido hasta ese momento, a entender el conocimiento colectivo en la acción. Pero por definición este conocimiento sólo se puede adquirir en la acción compartida. Nadie lo adquiere porque se lo cuenten. Este fue mi error con el segundo de mis amigos, intenté explicarle las reglas de juego. No funciona. Cuando nos cuentan las reglas de juego en vez de hacernos partícipes de su construcción la respuesta es la que recibí. No estás cogenerando.

Pero ¿Cómo cogenerar cuando hay actores, incluyendo investigadores, que participan en el proceso con intensidades dispares? Hasta ahora mis esfuerzos han ido orientados a consolidar procesos de cogeneración y darles una velocidad determinada, por debajo de la cual entendía que los procesos se podían paralizar. Pero parece haber también un límite máximo de velocidad por encima del cual algunos investigadores y actores se pueden descolgar del proceso.

En los últimos años hemos asistido a la proliferación de los “slows”: slow food, slow fashion, slow cities… Supongo que me llegó la hora de probar el slow action research. Una investigación acción en que hablemos para que las cosas cambien pero siendo capaces, de vez en cuando, de dejar la negociación a un lado y hablar por hablar; escuchar por escuchar, sólo para enseñarle al otro que estamos escuchando. Una investigación acción con la paciencia suficiente para volver de vez en cuando a la casilla de salida y acompañar a quien acaba de llegar en una nueva versión del camino ya recorrido.

[1] La investigación acción es investigación orientada a resolver un problema en la práctica y una facilitadora es alguien que en dicho proceso genera las condiciones para que otros actores reflexionen, decidan y actúen.

mirenlarrea

Miren Larrea comenzó su carrera profesional como ayudante de investigación en la Universidad de Deusto, donde realizó su tesis doctoral sobre los sistemas productivos locales de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Tras una década dedicada a la enseñanza y a la investigación, trabajó durante seis años en una agencia de desarrollo local, donde combinó su práctica como profesional del desarrollo territorial con su labor de investigación en la universidad. Tras este período, se integró como investigadora senior en Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad, con el objeto de desarrollar una aproximación a la investigación que vinculara la investigación sobre desarrollo territorial con la práctica en este campo. Gran parte de sus trabajo se centra hoy en día en el desarrollo de procesos de investigación-acción con policy makers, para poder crear enfoques participativos del desarrollo territorial. Es licenciada en Administración y Dirección de Empresas, y es doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Deusto. Larrea ha publicado varios artículos en revistas y libros internacionales, sobre las redes para el desarrollo territorial, las agencias de desarrollo local, gobernanza, aprendizaje en las políticas (policy learning) e investigación-acción como estrategia para el desarrollo territorial.